La pobreza en México, un clamor que exige justicia.

FOTO: recordchiapas.mx

 

Una ruta a seguir, será sin duda, la promoción de modelos de economía solidaria, propios de la tradición católica, que generen mejores condiciones de vida para los mexicanos

Arnold Omar Jiménez | Director de la Fundación Palomar y Vizcarra

La situación de la pobreza en México es un gravísimo problema que parece no tener solución. Durante los últimos 25 años –según las cifras oficiales-  la pobreza en nuestro País no ha disminuido, por el contrario, se ha mantenido y ha tenido algunos repuntes a lo largo de este período. Paradójicamente, desde 2012 el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), contabilizó más de 3 mil 217 programas y acciones sociales, federales y estatales, encaminados a “disminuir” los índices de pobreza en el territorio nacional. 

El capitalismo voraz que devora al mundo

La voracidad del capitalismo deshumanizante ha causado estragos no sólo en nuestro País, también en el mundo entero. A decir verdad, México es una especie de reflejo de lo que se vive en el mundo. Un estudio realizado por OXFAM, llamado “El 1 por ciento más rico del planeta”, reveló que la desigualdad extrema en el mundo está alcanzando límites insoportables. Actualmente, el 1 por ciento más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99 por ciento restante de las personas del planeta.

En 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas.  La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 45 por ciento en apenas cinco años, algo más de medio billón de dólares (542.000 millones) desde 2010, hasta alcanzar 1,76 billones de dólares. Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 38 por ciento. Una dramática situación.

Los números de la pobreza en México.

En nuestro país las cosas andan “por la calle de la amargura”.  Según datos del Instituto Mexicano de Doctrina Social (IMDOSOC) uno de cada dos mexicanos vive en pobreza, en otras palabras, 63.8 millones de mexicanos no tiene para lo mínimo indispensable.

Hagamos un ejercicio para entender mejor situación: Si en México vivieran solamente 100 personas los números de la pobreza estarían de la siguiente manera:

  • 53 personas vivirían en pobreza, es decir no les alcanzaría para los básico indispensable
  • 21 serían pobres extremos, es decir, no tendrían ni siquiera para comer
  • 10 personas tendrían la mitad del ingreso, lo mismo que otras 90 personas.
  • 1 persona ganaría lo mismo que 60 personas
  • 1 persona poseería el 40 por ciento de la riqueza del País

Los números son fríos por ello habrá que entender que detrás de cada uno de ellos hay personas concretas, con nombre y apellido, cuya vida cotidiana se convierte en un terrible drama. En nuestro País, hay personas que están condenada a ser pobres porque no tienen ni dinero, ni oportunidades para conseguirlo.

El drama de los salarios mexicanos y la pobreza anticonstitucional

A la situación de la pobreza económica y de oportunidades hay que añadirle la pobreza laboral. Millones de mexicanos que trabajan seis días de la semana, ocho horas al día e incluso horas extras, y sus sueldos no les alcanza para lo mínimo indispensable. Son más de siete millones y medio de mexicanos los que tienen un trabajo por el que perciben hasta un salario mínimo, monto insuficiente para cubrir sus necesidades más básicas. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indica que 7 millones 566 mil 408 personas que participan en las diferentes actividades económicas ganan hasta un salario mínimo. Esto significa que obtienen ingresos mensuales por 2 mil 434.55 pesos en promedio, un monto que los mantiene en la pobreza debido a que no pueden cubrir el costo de la canasta mínima de bienestar. Una situación que es “anticonstitucional” dado que el artículo 123 de la Carta Magna dice que “los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos”.

El Jalisco de los sueldos pobres

La situación en Jalisco es complicada, al menos en los salarios. Según el investigador del Centro Universitarios de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guadalajara, el 75 por ciento de los jaliscienses gana un promedio de seis mil pesos mensuales.  Lo que quiere decir que el al menos el 75 por ciento de los jaliscienses no puede acceder al total de los productos de la llamada canasta básica, que en jalisco asciende 15 mil 333 pesos para una familia promedio, según datos de la misma UdeG.

Algunas líneas de acción

Sin duda que hace falta una política pública radicalmente diferente que posibilité la erradicación de la pobreza en nuestro México. Es menester que los gobiernos, de todos los niveles, abandonen la lógica de los programas asistenciales – en algunos casos indispensables- y promuevan una política eminentemente subsidiaria, la única capaz de garantizar el desarrollo humano integral de las personas. Es momento de que el Gobierno Federal abra los oídos a los expertos e impulse un alza importante al salario mínimo, para que esté por encima de la línea de pobreza y los más necesitados puedan al menos tener acceso a lo mínimo indispensable.

La superación de la pobreza no sólo es asunto del gobierno. Los ciudadanos, pero sobre todo los creyentes –católicos- tenemos una gravísima responsabilidad frente a este tema. Ya desde 1979 el Documento de Puebla, del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM-  señalaba que es una “gravísima contradicción que en países de profunda tradición católica haya tanta pobreza”.  Una ruta a seguir, será sin duda, la promoción de modelos de economía solidaria, propios de la tradición católica, que generen mejores condiciones de vida para los mexicanos. Son muchas las experiencias que hay de modelos y casos de éxito de economía solidaria que se traducen en más y mejores ingresos. La responsabilidad es compartida, es de la política pública pero también es de los ciudadanos y creyentes que debemos comprometernos decididamente a sacar a nuestro país de la brecha de la pobreza.

 

 

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