2018, Del Desvanecimiento de las Ideologías Hacia el Fanatismo Político

Emmanuel Torres Rentería | Secretario Ejecutivo del Frente Nacional por la Familia Jalisco

Claro está que el mesianismo de AMLO necesitaba un articulador que agregara elementos religiosos para darle naturalidad a su estrategia. Así, con su alianza encontró un partido que sabe de mover los hilos sensibles mediante la persuasión religiosa y que ha obtenido grandes beneficios de su pretensión de hablar a nombre de los cristianos.

Foto: SDPnoticias.com

Hace algunos años aún era fácil distinguir entre los partidos políticos por sus posiciones políticas y propuestas de gobierno, por un planteamiento ideológico claro y evidente, sin embargo, en los últimos procesos electorales se han determinado por el acceso al poder pasando por encima de sus principios doctrinales o ideologías.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha venido privilegiando las alianzas electorales como una estrategia que le da buenos resultados. Aliandose casi invariablemente al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) –que poco hace por la agenda verde en México- y al Partido Nueva Alianza (PANAL), expresión política del sindícalismo magisterial, ha obtenido mayorías en congresos locales y en el Congreso de la Unión, así como gobernaturas y presidencias municipales.

Para la elección presidencial del 2018, el Partido Acción Nacional (PAN) repetiría la formula que le dio éxito en 2017 al aliarse con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) -defensor de las tradicionales causas de izquierda en México como: el aborto, el matrimonio igualitario y la legalización de las drogas-, vinculando así a un partido de origen humanista, que se fundamenta en la doctrina social cristiana, -el PAN- con su antítesis ideológica

Los resultados de ambas alianzas han sido efectivos para el ámbito electoral, aunque no necesariamente ha implicado que los gobiernos o los legisladores que emanan de ellas asuman agendas concertadas de cambio o impulsen temas comúnes y estratégicos para el desarrollo del país. Sirven para alcanzar los espacios en disputa pero no para generar agendas de transformación concertadas.

Si una alianza del partido del centro derecha con la izquierda no se entiende más que por el interés pragmático del poder, hablar de la alianza de la ultraizquierda con la ultraderecha es más que eso. Andres Manuel López Obrador (AMLO) ha pactado una alianza entre su partido, Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el partido Encuentro Social (PES) y el partido del Trabajo (PT), es decir, el nacionalismo revolucionario, la izquierda más radical de este país y, por otra parte, el mecanismo político de iglesias evangélistas que surgio en contubernio y bajo el padrinazgo del PRI como un partido que busca el mercado electoral de Acción Nacional. Juntos, estos tres partidos tan disímbolos impulsan la campaña presidencial de AMLO asumiendo una estrategia con un alto grado de lenguage mesiánico y fanatismo político.

En la toma de protesta de AMLO como candidato presidencial de Encuentro Social, Hugo Erick Cervantes, presidente del PES, dijo al candidato: «Usted es para nosotros Caleb, a punto de conquistar el Monte Hebrón». Así, el lenguaje político-religioso del presidente del PES encontró una peligrosa coincidencia con la actitud mesiánica de AMLO quien, en respuesta, hizo una convocatoria para conformar un Constituyente que proclamara una nueva Constitución Moral e hizo referencias a Jesucristo para dar soporte a su discurso. La comparación que hizo Hugo Erick con «Caleb», aunado al homenaje fotográfico que se hizo de AMLO usando como fondo una canción de tintes religiosos abre la puerta a un fanatismo que busca dejar de lado las diferencias ideológicas para centrarse en una nueva estrategia, la de proponer a AMLO como la única alternativa política y moral en México, descartando así el contraste de proyectos de país, de ideas y trayectorias.

Como un antecedente de este modelo de persuación política encontramos el “Chavismo” venezolano. A la llegada de Hugo Chávez al poder se dio énfasis al uso de un discurso cuasi religioso, con continuas referencias a Jesucristo, que se prolongo incluso después de la muerte del dictador. Se fundó, por ejemplo, la primera iglesia del «Santo Chávez» en el 2014, también se elaboró una versión de la oración cristiana conocida como Padre Nuestro en referencia a Hugo Chávez llamada «La oración del Delegado» que dice así: Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas. Santificado sea tu nombre. Venga nosotros tu legado para llevarlos a los pueblos de aquí y de allá…danos hoy tu luz para que nos guíe cada día. No nos dejes caer en la tentación del capitalismo, más líbranos de la maldad, de la oligarquía”.

Claro está que el mesianismo de AMLO necesitaba un articulador que agregara elementos religiosos para darle naturalidad a su estrategia. Así, con su alianza encontró un partido que sabe de mover los hilos sensibles mediante la persuasión religiosa y que ha obtenido grandes beneficios de su pretensión de hablar a nombre de los cristianos. Hugo Erick Cervantes y el PES al servicio del mesianismo lopezobradorista en México tienen que prescindir de sus postulados ideológicos que los hicieron útiles para el PRI para reinventarse como un movimiento político-religioso que asegure ese mercado al mesianismo lopezobradorista.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *